Recomendación: “Abzurdah” Cielo Latini

     Abzurdah es un libro que me atrapó desde un principio y hasta el final, el cual me generó emociones encontradas. Por un lado, es el diario de una adolescente, que refleja de manera honesta sus sentimientos, deseos, miedos y flaquezas. Por otro, es el desgarrador relato de una joven que atraviesa un trastorno de personalidad, ligado a trastornos en la alimentación, personalidad obsesiva y autoflagelación.

     Cielo cuenta en primera persona cómo es su vida familiar y escolar, los conflictos que vivencia por sentirse diferente a chicas de su edad y, particularmente, las características que marcan su comportamiento obsesivo, el cual se despliega en todo su esplendor al conocer a Alejandro, del cual se enamora (¿o se obsesiona?).

     A partir de allí, junto a sus primeras experiencias sexuales y el amor que se despierta en su interior, comienza a desarrollar un trastorno alimentario, el cual describe con lujo de detalles. Y con éste, se desenvuelve un círculo vicioso que va acompañado de pensamientos obsesivos, cortes en la piel, cero ingesta de alimentos, alcohol e intentos de suicidio.

     Vale la pena leerlo; permite entender lo que representa un trastorno de la alimentación, sus causas, sus características, sus síntomas y el modo de abordarlo.

     Los dejo con extractos significativos del libro:

     “…Siempre me entretuve con actividades que no le gustaban a otros. Supongo que por eso fui y soy solitaria (ahora menos que antes y antes más que ahora). Todo lo que siempre hice dependía exclusivamente de mí: nadaba sola, jugaba sola, bailaba frente al espejo, leía, escuchaba música en mi walkman, etc. Nunca pude compartir una actividad. Nunca necesité compartir una actividad. Supongo que prefiero hacer las cosas sin ayuda, sola. No me gusta que me molesten, que alboroten mi concentración, que me disturben.

    Aprecio más que nada mi vida interior, mi exquisito mundo privado; aquel que, aunque quisiera, no podría explicar. Es tan fructífero, es de tantos colores y tiene tantísimos matices que no se podría entender la dimensión ni la importancia que yace en ellos. Quisiera explicarlo. Quisiera que mi ocio tuviera sentido para la sociedad y, sin embargo, soy condenada…”

     “…El papel es prudente. El papel no te es infiel, no te caga, te deja ser. (…). Quizá por eso no tenía amigas, porque todo lo que las chicas les contaban a sus amigas, yo lo reproducía con exactitud en mi cuaderno; y mientras la memoria de un ser humano puede fallar, las letras de los cuadernos son imborrables. Supongo que por eso siempre me aislé de esa manera: nunca tuve la necesidad de comunicarme, porque ya lo estaba haciendo. Escribir es comunicar, aunque mis escritos siempre terminaban escondidos y sin participar al mundo de mi dolor, mi felicidad o mi disconformidad…”

     “…Para ese momento de mi vida, yo ya sabía que no era como los demás. No era simplemente que había tenido una infancia un poco diferente, era muy evidente que no tenía nada que ver con mis compañeras del colegio ni con los adolescentes de mi edad. A decir verdad, siempre me sentí un poco más madura que mis pares. Me costaba seguirles el ritmo a mis compañeras. Mientras ellas hablaban de ropa o de exámenes, yo estaba sufriendo por el primer amor no correspondido de mi vida. (…) No quiero decir que me sentía más inteligente que mis compañeras, simplemente teníamos diferentes intereses. Eso puede ser positivo o bastante malo. Yo me creía muy inteligente y perspicaz, así que jamás lo tomé como un aspecto negativo. Simplemente, me consideraba más madura y con la atención puesta en problemas de adultos, tales como el amor. Lo cierto es que el amor te vuelve un bebé, aunque tengas 50 o 60 años. Te deforma, te consume…”

     “…Ah, mis personalidades. Supongo que nacieron en mi necesidad de agradarle al mundo entero. Toda la vida me sentí marginada o por gorda o por antisocial o porque me gustaban los libros en lugar de los Power Rangers, no lo sé. Simplemente, me sentía aislada. Y, en mi necesidad de no aislarme, creé personalidades acorde a cada grupo de amigos que me hacía. Creo que todos somos un poco así: no nos comportamos igual con nuestra familia que con nuestros amigos o nuestros profesores (…). Todo el mundo se la pasa inventando personajes, el problema es que me los tomo en serio y me sirven. Y el personaje que más me cuesta es éste que me carcome. Éste que me obliga a escribir detalladamente en una agenda todo lo que se me viene a la mente. Que me obliga a llevar registro de todo: las veces que lo vi a Alejandro, qué llevaba puesto (yo), qué hicimos, adónde fuimos y qué me dijo. No creo que sean muy normales algunas de las cosas que solía hacer, tales como configurar una lista de temas para hablar minutos antes de marcar su teléfono e ir leyéndola silenciosamente (¿hay algo peor que quedarse sin hablar al teléfono?). Son algunas de mis manías un tanto obsesivas, pero supongo que aprendí a convivir con ellas o que ellas se amoldaron a mí. También creo que nacieron por necesidades íntimas: de no olvidar, de no hablar de más, de no quedarme callada, de tomar consciencia, pero sobre todas las cosas: de recordar. Aunque muchas miles de veces hubiese pagado para olvidar…”

     “…Quiero dejar de ser la mujer que tuvo un pasado oscuro, quiero ser la del futuro prometedor, la que sonría sin tener que esforzarse. (…). Necesito saber, necesito tener garantías de que en algún momento voy a ser feliz con continuidad; que mis desvariaciones van a acabar en algún momento, en algún futuro cercano. Quiero dejar de ser inconstante y absurda, y quiero por fin poder tomar una decisión que dure más de cinco minutos. Quiero ser fuerte. Quiero tantas cosas… y aquello es un signo de fortaleza, de crecimiento…”

     Por último, quiero recomendarles la película que se basa en este libro, también llamada Abzurdah, con el protagónico de Eugenia “la China” Suárez en el papel de Cielo. Está muy bien actuada y muestra claramente los aspectos más significativos del libro.

Tanto el libro como la película son materiales muy interesantes para trabajar en Psicología y en Psicopatología.

Lic. Prof. Jimena Trippano