La importancia del amor y la realización personal en el ámbito educativo

*Ensayo basado en el libro de James Hunter “La paradoja, un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo.”

     El ámbito educativo es tanto o más difícil, en cuanto a relaciones humanas se refiere, que el ámbito empresarial. Generalmente, la educación sigue el mandato del antiguo paradigma, según el cual, los alumnos ocuparían el rango inferior. Es así que los alumnos deben respetar una serie de acuerdos, reglas y obligaciones para poder ser parte de la escuela y para obedecer al directivo.

     Cada uno de los integrantes del establecimiento educativo, cumple sus funciones obedeciendo las órdenes de sus respectivos superiores. Sin embargo, cabe preguntarse si antes se cuestionan qué es lo que están haciendo o si están de acuerdo con ello. Simplemente, acatan normas para seguir perteneciendo al sistema.

     Creo que es por esta razón que los conflictos generados en la institución rara vez se resuelven, porque siguiendo este antiguo paradigma, la escuela pasa a ser centro de mando, y no un espacio para reflexionar, jugar y aprender.

     Por el contrario, para que suceda un cambio en la calidad educativa, es necesario adaptarse a los nuevos paradigmas; por empezar, cambiar la estructura del sistema. Si bien hay que respetar las jerarquías, toda la atención debería ser puesta en el alumno, para la consecución de sus necesidades, como ocurre con los clientes en una organización.

    En este sentido, para indagar en las necesidades de los alumnos, es imperioso que los docentes descentren el interés puesto en los resultados, para enfocarse en las capacidades de los estudiantes, en sus intereses, sus formas de relacionarse, de comunicarse y acerca del motivo por el cual están allí. Por supuesto, la necesidad más importante será la de aprender a leer y a escribir, aprender conocimientos básicos y especializados para poder manejarse en la vida cotidiana, pero también, el amor, el cuidado y el afecto son necesidades espirituales, que se presentan asiduamente en la actualidad y que merecen ser aprehendidos.

     Hoy en día, la carencia de los alumnos, en amor y en conocimientos, es cada vez más profunda, y esto se ve en la sociedad en general. Por ello, considero imprescindible brindarles a los alumnos lo que están necesitando y, a partir de allí, comenzar a construir un vínculo, donde lo que predomine sea la confianza. Entonces, lo que se debe lograr es centrarse en la relación humana y no sólo en la tarea.

     Lo fundamental sería capacitar a los docentes -y a cada persona del establecimiento que tenga contacto con los niños o adolescentes- sobre liderazgo. Se suele pensar que el liderazgo sólo es importante en una empresa, sin embargo, éste se lleva a cabo en todos los órdenes de nuestra vida cotidiana (la familia, el grupo de amigos, en el club, en el colegio, en el trabajo, etc.).

     Ser un líder implica mantener una actitud positiva y entusiasta; apreciar y animar a las personas; enseñar con el ejemplo; estar pendiente de los demás, aunque ello signifique dejar de lado sus propias necesidades; estar atento a lo que los otros manifiestan, exigiéndoles responsabilidad, con respeto. Esto implica que se está haciendo uso de la autoridad y no del poder.

    Esto es así, porque la autoridad supone influir a los demás para que trabajen en forma entusiasta en la consecución de los objetivos. Mientras que, a través del poder, las personas exigen conductas de los demás, mediante agresión o amenaza, y esto desgasta las relaciones. Y lo que se busca aquí es construir relaciones entre todos los integrantes de la institución educativa, basadas en el respeto, la confianza y la solidaridad. Principalmente, este modelo debe transmitirse a los alumnos, quienes realmente lo necesitan, ya que muchos de ellos llegan de ambientes turbulentos, conflictivos, de muchas carencias, y el colegio es el lugar de encuentro, en el cual se refugian, si es que allí encuentran contención y afecto.

     Al respecto, lo más importante es que el profesor cree un clima y un entorno sano, para poder conseguir los frutos, los cuales serían la realización personal de alumnos-docentes-directivos, que se manifiesta en los logros académicos (función de la escuela) y personales -que tienen que ver, más que nada, con el sentirse importante y valorado.

     Pero esto no es todo, porque para poder crear este clima en el ámbito educativo, hace falta amor; amor como ágape, como comportamiento. Es decir, que importa cómo el individuo se comporta con los demás, lo cual también implica voluntad y sacrificio, ya que muchas veces no será fácil lidiar con algunos alumnos o los mismos docentes, ya que no todos tienen la capacidad de sentirse en la misma frecuencia. Cada persona tiene sus tiempos, y tal vez a algunos les lleve más tiempo darse cuenta de lo imperioso que es desarrollar vínculos de amor entre pares, para poder desarrollarse plenamente.

     Quien ame a sus semejantes y transmita este tipo de amor a sus alumnos, cumple con ciertas características, que requieren mucho esfuerzo desarrollar: ser pacientes frente a situaciones conflictivas o estresantes; ser afables, prestar atención y escuchar activamente a los demás, mostrando empatía; ser humildes y auténticos; ser respetuosos y tratar a los demás como si fueran importantes; ser generosos e indulgentes, tratando de forma correcta y positiva a los demás, aunque no se reciba lo mismo de la otra parte; ser honrados y mostrar compromiso.

     El desarrollo de estas características permite lograr vínculos estrechos y de confianza, en un clima acorde, para poder trabajar de forma comprometida en la educación e incentivar a los alumnos a poder desplegar sus potencialidades, mostrando pasión por lo que hacen, ayudando al desarrollo integral de cada persona y a una mejora continua.

     Pero, principalmente, el valorar y hacer sentir importantes a los alumnos, creo que es lo más importante para que éstos puedan romper los viejos paradigmas e intentar perseguir los nuevos, con la guía de los docentes.

     Por supuesto, no es fácil lo que aquí se propone, ya que, como decía anteriormente, no todos se comprometerán con el cambio, pero el esfuerzo de tratar de modificar lo que está perjudicando la educación, aunque sea, sólo en el pequeño ámbito en el que cada docente se mueve, es un aporte valioso para alcanzar que el amor y la realización personal se manifiesten y se abra camino hacia los nuevos paradigmas que transformen la educación en una asignatura importante en la vida de los alumnos.

Jimena Trippano

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