Existencialismo: amor y libertad en la actualidad

Por: Lic. Prof. Jimena Trippano

El existencialismo se ocupa de la vida del hombre, de su existencia en este mundo. Muchos autores son parte de esta corriente, pero aquí se abordarán los conceptos de Sartre, Guardini, Frankl y Fromm.

Dos son las virtudes más importantes de toda persona: el amor y la libertad. En cuanto al primero, Fromm manifiesta que hay diferentes tipos de amor: el amor fraternal, el amor materno, el amor erótico, el amor a Dios y el amor a sí mismo.

  • El amor fraternal no es exclusivo a una persona, sino que se manifiesta a todo ser humano, siendo los elementos más relevantes de este amor: el cuidado y protección del otro, el respeto y aceptación de la persona tal como es, la responsabilidad de estar con éste en el momento en que lo necesite y el conocimiento, puesto que para amar hay que conocer al ser amado.
  • El amor materno es incondicional, ya que la madre amante es la que acepta la separación progresiva con su hijo y, aun así, lo sigue amando.
  • El amor erótico es un acto de voluntad de elección de un compañero para el resto de la vida; no es sólo deseo sexual, sino también un amor fraterno de querer lo mejor para la pareja.
  • Amarse a sí mismo, expresa Fromm, no es señal de egoísmo ni tampoco se deja de amar a los demás, sino que el amor a nuestros semejantes y el amor a uno mismo se encuentran relacionados y no pueden separarse. Porque la persona egoísta, además de no amar a los demás, es incapaz de amarse a sí misma.
  • Respecto al amor de Dios, está vinculado con el grado de madurez de la persona; se presenta en el hombre como una gracia incondicional y éste se siente como merecedor de buenas acciones.

En la actualidad, el amor se ha desintegrado, con los cambios que se han sucedido, el amor aparece como un fenómeno extraño; es así que surgen nuevas formas de pseudoamor, que contribuyen a que el verdadero amor desaparezca. El amor ha dejado de ser puro, para convertirse en un elemento material que une a las personas por interés o por simple encuentro sexual y no por un sentimiento real.

También, se suma a estas nuevas experiencias, el amor idolátrico, siendo la idealización del otro fuente de desilusión y considerado por Fromm como un amor inmaduro.

Por el contrario, el amor maduro es aquel que acepta al otro como es y que se encuentran en la base del respeto, la confianza mutua y el deseo de compartir juntos sus vidas.

El amor es un arte, porque requiere de disciplina, constancia, concentración (escucha al otro), paciencia y preocupación. Para lograrlo, es necesario que el sujeto supere su etapa narcisista para que se produzca el encuentro con el otro.

También la libertad es un don y una tarea, que exige disciplina, coraje, fortaleza, sacrificio. La libertad es un bien arduo; si no se la acepta en su totalidad, incluso con sus consecuencias, le puede ser quitada al hombre. La dificultad que se presenta es que el hombre muchas veces no quiere aceptar las consecuencias de ser libre y tomar sus propias decisiones, entonces, delega su capacidad de elección a otras personas, y pierde la libertad completamente, lo cual también manifiesta una clara falta de amor a sí mismo.

Las consecuencias de la libertad son: hacerse responsable de las decisiones tomadas, respondiendo por qué se hicieron tales acciones y hacerse cargo de sus consecuencias; renunciar al pasado, teniendo en cuenta que cada vez que se toma una decisión, tomando un nuevo camino, se deja atrás otra cosa, a la cual se debe renunciar; asumir el riesgo de no saber qué va a pasar en el futuro respecto a esa decisión. Quien no tenga fuerza para renunciar o asumir un desafío, tampoco tendrá fuerza para elegir.

De múltiples maneras, el hombre huye ante su libertad: cuando cede ante otras personas para no tener que soportar el peso de la responsabilidad; cuando se incluye en grupos para que ellos decidan en su lugar; cuando se encadenan a la rutina para evitar la incertidumbre. De esta manera, el hombre no sólo pierde su libertad, cayendo en la esclavitud, sino que también pierde la posibilidad de amarse a sí mismo.

En esta falta de amor a sí mismo y de libertad, reside la causa de la angustia, que es esencial a la existencia humana. Estas personas carecen de libertad en el querer, de libertad interna, porque no se conocen a sí mismos y no se detienen a pensar qué es lo que realmente quieren para sus vidas, dejándose manejar por los demás.

Al respecto, Sartre piensa que el quietismo es la actitud de la gente que dice: “los demás podrán hacer lo que yo no puedo”, y el existencialismo es totalmente lo opuesto a esto. Los sueños, las esperanzas, las esperas, permiten solamente definir a un hombre negativamente y no positivamente. Porque la espera no es fecunda, no se produce nada esperando, estando quieto, sino que todo lo que queremos sucederá si estamos en acción.

Sartre llama cobardes a las personas que no se atreven. La cobardía es el acto de renunciar o ceder; pero el cobarde siempre tiene la posibilidad de dejar de ser cobarde y convertirse en un héroe.

Según Guardini, la suprema forma de evasión es el suicidio, y esto se considera un acto de cobardía para este autor, porque la verdadera valentía es aceptar que la persona está en este mundo porque allí lo puso Dios y que es Él quien debe apartarlo de la vida. También es valentía respetarse a uno mismo. Y, como expresa Fromm, amarse a uno mismo y amar a Dios. Según Guardini, Dios es real y necesario, está lleno de sentido y no necesita ninguna explicación, tiene su propio poder. Ese Dios es el creador y la causa de todo.

Guardini expresa que existe actualmente una rebelión: las personas no quieren aceptar ser ellas mismas, aceptar como son, existe la sensación que no vale la pena ser uno mismo, porque es aburrido, lo cual genera hastío. La persona, para ser libre, debe aceptarse como es, con claridad, valentía y fe, lo cual significa comprender que el paso por esta vida tiene un límite, un final, por eso se debe disfrutar de la vida que se tiene en el presente, antes de perderla.

El sujeto que teme a su propia interioridad, que vive volcado exclusivamente hacia lo externo por miedo al encuentro consigo mismo, no podrá mantener ni fortalecer la verdadera libertad, ya que ésta se encuentra precisamente en esa interioridad de la cual huye. Si no habita en su interior, entonces no puede ser dueño de sí mismo, porque no está parado sobre sus propios pies y su posición es demasiado débil, facilitando la manipulación externa. La moda, la opinión ajena, la publicidad, las ideologías, le serán impuestas sin obstáculos, dado que él mismo no cuida su espacio interno y corre el riesgo de que otros se adueñen de él.

Frankl habla de una capacidad de autodeterminación, propiamente humana y fundamento de su dignidad personal; el hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física. Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino.

Esta capacidad de autodeterminación es la mencionada por Sartre, al expresar que el primer principio del existencialismo es que el hombre no es otra cosa que lo que él se hace (subjetividad), es responsable de lo que es. El subjetivismo es la elección del sujeto individual por sí mismo, dándole valor a lo que hace.

Sostiene Sartre que el hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo, no ha elegido venir al mundo, y libre porque es responsable de todo lo que hace.

Al respecto, Guardini sostiene que el yo es un principio que el individuo no eligió, pero que debe hacerse cargo de sí mismo (“Soy para mí lo absolutamente dado”).

Al mismo tiempo, el sujeto tiene un deber: querer ser él mismo, asumir la tarea que le fue propuesta en este mundo (vocación, oficio). Tampoco puede evadir lo malo que hay en sí mismo (malas predisposiciones, costumbres, culpa), debe aceptarlo y hacerle frente.

En la actualidad, sostiene Sartre, se da mucho la angustia sin un motivo determinado. Según la filosofía, es por la autopercepción de ser finito. Pero la causa de la angustia es en realidad cuando el hombre quiso ser infinito, perdiendo la conexión con su origen. La negación de Dios en la época actual llegó a crear el vacío amenazador, la nada, el hastío y la angustia.

Sólo desde la aceptación de sí mismo, responde Guardini, el hombre será libre y podrá encontrar su futuro. Pero crecer como hombre no significa querer salirse de sí mismo, sino aceptarse y arrepentirse de los malos actos, que es una de las más poderosas formas de libertad. Y, por sobre todo, amarse a sí mismo para poder amar a los demás.

 

Bibliografía

Fromm, Erich. (1980). El arte de amar. Barcelona: Paidós.

Guardini, Romano. (1986). La aceptación de sí mismo. Las edades de la vida. Buenos Aires: Clavería.

Sartre, Jean Paul. (1999). El existencialismo es un humanismo. Buenos Aires: Edhasa.

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