Analizando película: «Están todos bien»

     Esta película ha sido de mi agrado, porque es emotiva y permite reflexionar acerca de las relaciones familiares, pero ante todo, porque confluyen en ella muchos factores psicológicos que posibilitan ser analizados.

     En este caso, analicé la película desde la perspectiva de dos teorías: la comunicación según Francisco Morales y la felicidad según Seligman.

La comunicación

     Puede relacionarse la película con la comunicación, puesto que desde el momento en que la película comienza, está presente. En la comunicación telefónica con sus hijos, los diálogos en las visitas que les realizó y además el protagonista señala en una parte del viaje el tendido telefónico, expresando que él recubría los cables que permitían la comunicación (“las comunicaciones que han pasado por ese cable”). En la comunicación familiar (de padre e hijos) hay una falla, puesto que los hijos de Frank lo evitaban y le mentían; sólo hablaban y le contaban todo a la madre.

     Respecto al esquema básico de la teoría de la comunicación, los emisores y receptores van cambiando. En la infancia, el emisor era el padre y los receptores, sus 4 hijos. El mensaje que transmitía el padre era que tenían que esforzarse más. “¿Vas a esforzarte duro, para que me sienta orgulloso de ti?”, “ser el mejor y llegar a la cima”, “tener talento, futuro”. El canal era oral, vía visual y auditiva y de forma directa.

     En cuanto a la actualidad, que los hijos son mayores y formaron su vida, ellos pasan a ser los emisores y su padre, el receptor. Por canal telefónico, los mensajes son: “tengo un compromiso”, “no podemos ir a verte”, “mi hijo está enfermo” “salgo de gira”, todas excusas para no ir a verlo. Cuando el padre decide viajar para ir a visitarlos (viven en distintas ciudades), el canal pasa a ser oral (verbal y gestual), de forma directa e indirecta (gestos y actos que manifestaban un mensaje distinto al que ponían en palabras, lo cual induce la contradicción). Los mensajes sólo fueron mentiras y excusas para no compartir tiempo con él.

     Con su hijo Robert, tuvo un diálogo basado en reclamos, donde éste le dice a su padre que no es director de orquesta, sino que toca percusiones, y le dice que nunca fue tan bueno como su padre pensaba y que en realidad no era lo que quería para su vida, sino que lo hacía por su padre. Asimismo, le recuerda que su madre le decía: “Haz que tu papá se sienta orgulloso, trabaja duro para ustedes”. Con su hija Amy, casi no tuvo diálogo, y su hija Rosie, la última a la que fue a visitar, le hizo ver que siempre les exigió demasiado y que por eso hablaban con la madre y no con él.

    La fuente de los mensajes emitidos por los hijos hacia el padre, no tuvo credibilidad, ya que los chicos mintieron en todo momento para no decepcionarlo y le ocultaban información (que es abuelo, que su hijo David estaba en problemas y murió de sobredosis). Del mismo modo, puede decirse que no había empatía en ningún sentido, ya que ni el padre se puso en el lugar de sus hijos al exigirles demasiado, ni ellos se pusieron en su lugar como padre preocupado por ellos.

     La fuente de poder estuvo presente en la infancia, cuando Frank ejercía su poder como padre de familia, intentando lograr cambios en sus hijos siendo niños, a los cuales exigía para que estudien, se esfuercen, sean reconocidos.

     El contexto de la comunicación con sus hijos de niños era serio y desagradable para los niños; mientras que cuando fue a visitarlos en la adultez, los contextos eran relajados y agradables, pero escondían la verdad. Sus hijos disfrazaban la verdad para que su padre se quedara contento y tranquilo.

La felicidad

     Otro de los temas presentes en la película es el de la felicidad, ya que luego de ver a cada uno de sus hijos, Frank les preguntaba “¿eres feliz?”. A esta pregunta, todos contestaron que sí, aunque no era la verdad completa. Eran felices en su mundo, pero no era una felicidad absoluta, ya que no podían compartirla con su padre.

     Amy era feliz con su trabajo (de publicista), su hijo y su nueva pareja, pero mostraba a su padre que tenía una familia perfecta (con su ex marido). Rosie era feliz con su trabajo en Las Vegas, su novia y su hijo, pero a su padre le escondió el tema de la homosexualidad y la maternidad y le dijo que era feliz siendo estrella de un espectáculo. Robert era feliz con su empleo en las percusiones de una orquesta, y fue el único que se atrevió a decirle a su padre que era feliz haciendo lo que hacía y no lo que su padre quería (que fuera director de orquesta porque tenía talento para ello). Quien no era feliz era David, el hijo que se sumergió en el mundo de las drogas y murió de sobredosis, pero sí estaba satisfecho con ser artista como su padre quería. Con las actividades que realmente tenían y lo que realmente los hacía felices, ellos 4 tenían una vida significativa, ya que encontraron lo que daba sentido a sus vidas, más allá de los mandatos de su padre.

     Siendo la felicidad el resultado de la interacción entre los rasgos heredados de la persona y el ambiente en que vive y se desarrolla, se puede decir que Robert, Amy y Rosie lograron ser felices encontrando lo que realmente les generaba placer y por ello no es casual que vivieran todos en distintas ciudades, porque podían de esa forma vivir como querían. Se puede decir que lograron una buena vida, que se convirtió en plena cuando pudieron compartir sus experiencias con el padre, y reunirse todos juntos de nuevo, mostrándose como son realmente.

    En cuanto a las emociones positivas, Seligman expresa que éstas se encuentran pensando en el pasado, el presente y el futuro.

     Con respecto al pasado, las emociones positivas que un individuo puede tener son: satisfacción, serenidad, orgullo, gratitud y perdón; y todas ellas se pueden encontrar en el protagonista de la película. La gratitud y el orgullo están presentes cuando los hijos por fin le cuentan la verdad a su padre y éste, arrepentido, se siente agradecido por lo que sus hijos son y hacen de sus vidas. El perdón, cuando puede reconocer que si todo ocurriera de nuevo (la infancia de sus hijos), no les exigiría, sino que se contentaría con verlos felices, haciendo lo que quieren, y viendo a su hijo David (que murió), se despidió de su imagen pidiéndole perdón. La satisfacción y la serenidad aparecen al final de la película, cuando logra reunirlos a todos en la mesa de Navidad. Está relacionado al pasado, porque siente que pudo reparar su error.

     Con respecto al futuro, las emociones positivas son: fe, esperanza, seguridad y optimismo. En cuanto a éstas, se puede ver en el protagonista la fe y la esperanza, al reconocer que sus hijos están bien (haciendo lo que hacen en la realidad) y que van a estar bien. Siente esperanza que con este cambio, al mejorar su comunicación y su relación basada en la confianza, con sus hijos, va a poder verlos más seguido.

     En cuanto al presente, las emociones positivas son: saboreo, flow y mindfulness. El saboreo es la capacidad para apreciar detenidamente y con placer las experiencias positivas de la vida, y Frank hace uso de ese saboreo al disfrutar de los pequeños momentos con sus hijos, con sus nietos, de los paisajes que veía mientras viajaba. Por ello es que tomaba fotografías, y se quedaba por momentos en silencio contemplando las situaciones. El flow se pudo percibir en el viaje, ya que Frank desafió sus propias posibilidades, a pesar que su médico se lo prohibió, porque tenía una meta clara que lo hacía feliz: reunir la familia. Y al final lo logró y se sintió satisfecho y agradecido por ello. El mindfulness no apareció en la película.

Bibliografía

Morales, J. F. (2007). Psicología Social. Madrid: McGraw-Hill.

Seligman, M. (2011). La auténtica felicidad. Barcelona: Ediciones B.