Análisis de «El caso de la mancha sobre el mantel» de S. Freud

Lic. Prof. Jimena Trippano


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     El primer caso que describe Freud (1993) en su Conferencia N° 17 suele llamarse coloquialmente “El caso de la mancha sobre el mantel”. Allí relata la acción obsesiva de una mujer de 30 años, la cual corre de una habitación a la otra, se para frente a una mesa que allí se encuentra, llama a la mucama, le encarga una tarea o no le dice nada y, luego, vuelve corriendo a la habitación.

     Cuando Freud (1993) le preguntaba por qué hacía esto, siempre contestaba que no sabía. Hasta que un día relató que hacía más de 10 años se había casado con un hombre mucho mayor, que en la noche de bodas resultó impotente. Esa noche, él corrió muchas veces desde su habitación a la de ella para repetir el intento, pero nunca lo logró. A la mañana siguiente, dijo que esta situación era como para avergonzarse frente a la mucama, por lo cual, tiró sobre la sábana un poco de tinta roja, para dar a entender que había mantenido relaciones sexuales y que la mucama no se diera cuenta de su impotencia.

     Luego, la paciente le mostró a Freud en la segunda habitación una mesa con un mantel que tenía una mancha roja; y comentó que cada vez que llamaba a la mucama se paraba justo enfrente de la mesa, para que ésta pudiera ver la mancha.

     Básicamente, Freud (1993) relata las acciones obsesivas de la paciente, que consisten en una repetición, en este caso, correr todo el día de una habitación a la otra, lo cual la deja muy cansada y convierte en fastidiosa su rutina. Este sería el principal síntoma de la paciente, que utiliza estas acciones para disfrazar las representaciones obsesivas, vivenciadas por la paciente como autorreproches; los síntomas son un fracaso de la defensa y un retorno de lo reprimido.

     “…Las representaciones obsesivas son siempre reproches mudados, que retornan de la represión…” (Freud, 1991:170). Sin embargo, el origen del síntoma no hace referencia a una actividad sexual infantil, como sostiene Freud en su teoría, sino a una manifestación sexual en la etapa adulta.

     Expresa Freud (1991) que el sentido de un síntoma se encuentra en un vínculo con el vivenciar del enfermo. Todos los enfermos obsesivos tienen la tendencia a repetir algunas acciones y evitar otras; al mismo tiempo, sienten miedo.

     En el caso de la paciente citada por Freud (1993), el sentido de su síntoma se manifiesta como una repetición de la acción de su marido. Es un retorno de lo reprimido, porque, a través de sus acciones obsesivas, la paciente volvía a sentir la vergüenza que sintió su marido la noche de bodas; además, acompañado de un autorreproche, producto de sentirse culpable de lo sucedido. Por lo cual, con la mancha en el mantel (que representa a la sábana), sintió que estaba tratando de remediar la situación acontecida.

     Es así que el propósito de la acción obsesiva es que la mucama vea la mancha. La acción cumple el deseo del marido de no avergonzarse frente a la mucama, mostrando que no era impotente. A pesar de no convivir ya con él, no puede separarse completamente y sigue elevando a su marido frente a la situación vergonzante.

     Entonces, puede decirse que la paciente se identifica con su marido. Sustituye la cama y la sábana por la mesa y el mantel. Afirma Freud (1993) que mesa y cama, juntas, significan matrimonio.

     La señora vive hace mucho tiempo separada de su marido y, aunque duda en divorciarse, no puede despegarse de él, le sigue siendo fiel aunque no están juntos y rechaza todo contacto con otra persona. Lo sigue defendiendo, elevándolo frente a sus errores.

     Aquí se muestran las características principales de la posición subjetiva de la neurosis obsesiva en la relación de la paciente con su marido. La conciencia moral y la vergüenza son síntomas que actúan frente a la situación que, si bien sucedió hace mucho tiempo, vuelve a ella en modo de síntoma, porque todavía no lo ha resuelto. La culpabilidad también aparece, por ello es que sigue defendiendo a su marido, a pesar de estar ahora separados y que ella no tiene culpa sobre lo acontecido. Sin embargo, los reproches pueden más y se manifiesta el periodo siguiente, que consiste en el retorno de los recuerdos reprimidos. De allí, surge la acción repetitiva, que es una “imitación” de la conducta de su marido, que no se hizo cargo de su situación y prefirió ocultarla.

     “…El influjo del recuerdo patógeno reanimado, se muestra en que el contenido de la representación obsesiva sigue siendo fragmentariamente idéntico a lo reprimido o se deriva de esto por medio de una correcta secuencia de pensamiento…” (Freud, 1991:171). La acción obsesiva es idéntica a la acción original (la conducta de su marido la noche de bodas). En este caso, no es el recuerdo de una situación traumática de la infancia, sino el autorreproche por una situación acontecida en la edad adulta. El reproche se transforma en vergüenza de que alguien se entere y en angustia de tentación, ya que la mujer evita la tentación de estar con otra persona.

Bibliografía

Freud, S. (1991). Nuevas puntualizaciones sobre las psiconeurosis de defensa. En S. Freud. Obras completas, Tomo III. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1993). 17° Conferencia. El sentido de los síntomas. En S. Freud. Obras completas, Tomo XVI. Buenos Aires: Amorrortu.